
¿DÓNDE ANDARÁ TU PLUS DE PELIGROSIDAD Y PENOSIDAD?
A veces, para entender por qué hoy nos faltan derechos, basta con mirar al pasado. Y en nuestro sector, la historia sindical tiene capítulos que merecen ser recordados.
Mientras muchos técnicos y técnicas de emergencias sanitarias tenemos que hacer malabares para llegar a final de mes, tirar de tarjeta de crédito o encadenar horas extras para poder vivir dignamente, algunos de quienes han negociado —y siguen negociando— nuestros derechos podrían percibir salarios anuales que rondan, e incluso superan, los 60.000 euros. Una realidad que poco tiene que ver con la de quienes estamos a pie de ambulancia.
Y mientras nosotros contamos cada euro, también cabe preguntarse por las condiciones económicas de quienes nos representan. Además de sus salarios, ¿reciben algunos de estos representantes compensaciones económicas del sindicato? ¿Qué gastos les cubren sus organizaciones? Comidas, viajes, gasolina, averías de vehículos y otros gastos que, en determinados casos, podrían estar asumidos por el sindicato.
¿Disponen de compensaciones y gastos cubiertos mientras el resto de la plantilla tiene que sacar adelante su vida con su salario? ¿Se publican con suficiente transparencia estas condiciones para que los trabajadores y trabajadoras podamos conocerlas?
No afirmamos que todos los representantes cobren compensaciones adicionales, pero creemos que la transparencia debe ser una obligación, especialmente cuando se negocian los derechos de miles de compañeros y compañeras.
PERO VAYAMOS A LO CONCRETO: NUESTRO PLUS DE PELIGROSIDAD Y PENOSIDAD.
CCOO firmó la transformación del plus de peligrosidad en un plus de formación, una decisión que supuso la desaparición del primero de nuestro convenio, arrastrando también a UGT a respaldar el acuerdo.
Y la pregunta es inevitable: ¿por qué eliminar el plus de peligrosidad en lugar de mantenerlo y añadir, si se consideraba necesario, un plus de formación?
¿Acaso nuestra exposición a los riesgos ha desaparecido? ¿Hemos dejado de trabajar en situaciones peligrosas, penosas y físicamente exigentes? ¿Han desaparecido las cargas físicas, la presión asistencial, las situaciones de riesgo y la responsabilidad que asumimos cada día? No.
Seguimos subiéndonos a una ambulancia, movilizando pacientes y exponiéndonos a situaciones que forman parte de nuestra profesión, frio, calor, situaciones psicológicamente graves y un largo etc…
Entonces, ¿por qué renunciar a un complemento que reconocía esas condiciones de trabajo? ¿Quién salió ganando con aquella decisión?
Quizá también deberíamos preguntarnos si algunos representantes sindicales han terminado demasiado cerca de las empresas a las que debían exigir responsabilidades. Cuando quienes negocian en nombre de la plantilla acaban ocupando puestos de asesoramiento o vinculados a las propias empresas, la independencia sindical merece, como mínimo, una reflexión.
No todos los casos tienen por qué ser iguales, pero la transparencia, la independencia y la rendición de cuentas deberían ser irrenunciables.
Nosotros seguimos buscando debajo de la ambulancia ese plus de peligrosidad que un día desapareció de nuestro convenio. Mientras tanto, algunos parecen haber encontrado condiciones mucho más ventajosas que las de sus propios compañeros y compañeras.
Porque el Plus de formación era necesario, por supuesto. Pero la formación no sustituye la compensación por trabajar en condiciones de peligrosidad y penosidad. Son conceptos diferentes y perfectamente compatibles.
La pregunta es sencilla: ¿por qué no defender ambas cosas?
La seguridad no se negocia a la baja. La penosidad no desaparece por firmar un acuerdo. Los derechos no deberían cambiarse por privilegios. Y la representación sindical no puede convertirse en un negocio personal.
