MIENTRAS OTROS PACTAN MISERIA, LA CGT CRECE EN LAS CALLES Y EN LAS URNAS

LA LUCHA CONTINUA 
¿Qué saben ellos del cansancio, de los cambios de turno sin avisar, del sobreesfuerzo no pagado?

¿Qué saben de no tener tiempo ni para disfrutar de tu familia por culpa de un sueldo mísero que te obliga a trabajar más para vivir dignamente? Ellos sí pueden hacerlo. Porque están liberados, porque cobran sobresueldos, porque viven lejos de las guardias y de los avisos de última hora, como el personal correturnos o eventual.

La CGT no se esconde. No negocia por detrás y no firma migajas. Al contrario, la CGT planta cara a las empresas mientras otros se sientan una y otra vez a reivindicar un “¿y de lo mío qué?”.

Elección tras elección, empresa tras empresa, en Cataluña y en todo el Estado, la CGT sigue creciendo. Y no es por casualidad. No es por marketing. No es fruto de estrategias de despacho. La CGT crece porque lucha. Porque está presente donde los demás no pisan. Porque no se rinde. Porque escucha a quienes de verdad cargan con los turnos, los recortes y los abusos.

Mientras los sindicatos amarillos se reparten liberaciones, sueldos de más de 60.000 euros anuales, tarjetas y favores internos, nosotros seguimos donde siempre hemos estado: a pie de calle, subiéndonos a la ambulancia y sudando el chaleco como la gran mayoría, con quienes realmente pringan. Ellos, aparecen cada cuatro años, con gorras y discursos ensayados, fingiendo empatía con un sufrimiento que hace tiempo dejaron de conocer.

¿Qué saben ellos del cansancio, de los cambios de turno sin avisar, del sobreesfuerzo no pagado?

¿Qué saben de no tener tiempo ni para disfrutar de la familia por culpa de un sueldo mísero que te obliga a trabajar más para vivir dignamente? Ellos sí pueden hacerlo. Porque están liberados, porque cobran sobresueldos, porque viven lejos de las guardias y de los avisos de última hora, como el personal correturnos o eventual.

La CGT no se esconde. No negocia por detrás y no firma migajas. Al contrario, la CGT planta cara a las empresas mientras otros se sientan una y otra vez a reivindicar un “¿y de lo mío qué?”.

¿Y qué han hecho ellos mientras tanto?

  • Han pactado contratos en prácticas con retribuciones por debajo del 100 %, cuando había margen para negociar algo mejor en los convenios colectivos.
  • Han impugnado concursos en los que se solicitaban años de experiencia, lo que habría permitido eliminar esos contratos precarios.
  • Negociaron a principios de año una subida salarial miserable del 2 %, y a día de hoy, 6 meses después aún no hemos visto ni un euro.
  • Han recortado de forma drástica las horas extras anuales que los compañeros del TSNU podían realizar (mientras un liberado se reía).

Son una vergüenza. Y mientras firman tu precariedad… te dan un bolígrafo o una linterna para que los veas «menos malos».

Pero el miedo ha cambiado de bando.

En cada empresa donde la CGT se presenta, crece la confianza. Porque los compañeros y compañeras saben que somos el único cambio real: sin liberados, sin favores que pagar, sin ataduras.

Mientras las empresas intentan despedirnos por motivos inexistentes con ayuda de algunos/as delegados/as por llamarlos de alguna manera o incluso delegados/as en según qué posiciones se dedican a poner techos de cristal a delegados y delegadas que sí hacen bien su trabajo y no favorecen a la empresa.

Nosotros hemos venido a echar a patadas la precariedad y la explotación de este sector. No a callar ni a pactar migajas.

En Ambulancias Domingo nos faltaron solo dos votos para conseguir un sexto delegado.

No nos debilita. Nos llena de rabia, de fuerza y de determinación puesto que cada delegado conseguido es una trinchera más en esta lucha.
Cada voz que se suma a la CGT es una voz menos que se traga sus mentiras. Es más que evidente que cuando lleguemos a la mesa de negociación, no iremos a por sobras. Iremos a decir lo que nadie se atreve, a romper el silencio. Y si solo hay migajas… tiraremos la mesa al suelo. Y ellos tampoco comerán.

Y lo más importante: si alguien pacta algo antes de entrar, lo señalaremos. Todo el sector debe saber quién trae la miseria y la precariedad.
Se acabó el anonimato. Y es que no hemos venido a gestionar miserias, hemos venido a cambiarlo todo. La CGT sigue creciendo, porque ya nadie se cree las mentiras de los sindicatos amarillos y vendidos con años de pactos vergonzosos a sus espaldas.

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